Introduce su boca en mi
pezón del piercing, succiona, una ola de placer me hace jadear y arquear mi
cuerpo, llaman a la puerta, John se levanta, abre, la figura de una mujer le
tira del brazo hacia ella, cierra la puerta, yo me hundo en la cama como si me
tragaran unas arenas movedizas. Grito.
-Cris, despierta mi amor
Estoy empapada en sudor,
John está al lado mío, mirándome con cara de preocupación.
-Ha sido una pesadilla.
Me arrulla entre sus
brazos, nos quedamos un buen rato abrazados.
-Son las 12, voy a pedir
el desayuno.
Con el mando empieza a
subir las persianas, la luz de la claridad del día entra a raudales, necesitas
un poco de tiempo para que los ojos se adapten a la claridad.
-Buenos días, podrían
subir el desayuno...si...zumo...ok
Tengo frío, el sudor me ha
destemplado, me voy al baño, necesito una ducha. John entra conmigo tiene
puesto todos los sentidos en mí, sus mimos me reconfortan.
El carro del desayuno
está fuera, John lo mete en la suite, con los albornoces puestos nos disponemos
a desayunar, pero a mí no me apetece nada, solo quiero café y una aspirina que
suelo llevar en el bolso para cuando me dan dolores de cabeza y este era uno de
esos momentos.
-¿Estas mejor? princesa.
-Si, ya estoy mejor.
Mientras me sirvo otra
taza de café.
-Antes de irnos quiero
comerme mi bollito - sus ojos se nublan de lujuria
jajaja mi risa me cambia
de estado de ánimo.
John me levanta, me quita
el albornoz, sentándome en la cama, con un beso me tumba, su boca ávida de mi
cuerpo, baja hasta los pechos cubriéndolos de besos, sigue por mi cintura hasta
mi ombligo, luego por mi monte de venus mordisqueando mi bello y mis muslos,
sus caricias son mi mejor medicina.
Su cabeza entra entre mis
piernas y yo las separo cuanto puedo, su lengua recorre toda mi vagina, la
vulva y los labios menores para succionar mi clítoris, su dedo me lo introduce
buscando mi punto G, estoy a punto de estallar de placer, mi cuerpo
convulsiona, corriéndome. Sube para arriba manteniendo mis piernas entre sus
hombros, introduce su pene hasta el fondo, entra de lleno, sus movimientos son
cortos pero muy rápidos, sus testículos dan en mi culo en cada envestida como
tambores, sus ojos se clavan en los míos, el amor nos embriaga a los dos, mi
cuerpo levita con el suyo en un baile sin fin...
El rastro como cada domingo
es un hervidero de gente y puestos ambulantes, cuánto
tiempo sin pasear sorteando gente, todo seguía igual como si el tiempo no hubiera cambiado nada como hace con las demás cosas de la vida.
tiempo sin pasear sorteando gente, todo seguía igual como si el tiempo no hubiera cambiado nada como hace con las demás cosas de la vida.
Paro en un puesto
buscando un regalo para John, que cuando
lo mire se acuerde de mi, tarea casi imposible para un hombre tan elegante, al
final me decanto por una pulsera de cuero negra y plata, es sencilla y fina, la
compro y se la entrego.
-Gracias, princesa, me
gusta mucho - se la pone - ya, nos vamos.
Pongo morritos, creo que
empieza a cansarse de dar vueltas por los puestos y el agobio de tanta gente.
-Ok vámonos.
-¿Vamos a tapear al
Mercado de San Miguel?
Me encanta la idea.
El domingo llega a su fin
y como dos novios nuestra despedida en la puerta de mi casa, es triste.
-El sábado nos vemos - un
beso tierno posa en mi boca - princesa.
Algo me pasa por la
cabeza, necesito decírselo, se que este regalo le va a gustar mucho.
-Quiero irme a vivir
contigo.
Su cara se ilumina.
-Me haces el hombre más
feliz del mundo.
Su boca se aprieta a la
mía con un sonoro beso. Reímos.
-El sábado vengo a por
ti, a raptarte - ríe - desprende te de todo, trae solo la ropa, bueno ni eso yo
te compro allí todo lo que necesites.
Le pongo la mano en la
boca en señal de que se calle.
-¿El sábado que viene? no
crees que es muy pronto.
-No, allí vas a tener
todo lo que quieras, soluciona las cosas con Mila y la peluquería. Tus hijos
podrán ir cuando quieran. Tranquila todo saldrá bien.
Ya está, no hay marcha atrás todo va a dar un
giro de 360º creo que me voy a marear.

