El trabajo me tiene todo el día ocupada, cuando tengo un hueco me dedico a actualizarme en todo los avances y técnicas para dar el mejor servicio, en ello estaba cuando llaman a la puerta, entra Lorena.
-Cris, tenemos una señora con cita para manicura, que quiere que se la hagas tu. Insiste se ha puesto muy pesada.
-Ok, la atenderé aquí, tráeme primero el carro de la manicura.
Lorena se marcha, mientras yo termino y recojo la mesa, ella me trae todo lo que necesito y entra la clienta.
-Buenos días, me llamo Cris.
Le doy la mano a una señora que tiene aire prepotente, parece como si tuviera alguna enfermedad y eso le da un aspecto de mas edad de la que tiene, va apoyada en un bastón y acompañada de una mujer, parece la enfermera.
-Buenos días, soy la señora Collins.
Una bofetada de calor me recorre toda la cara, creo reconocer esa voz y mi intuición me dice que viene con ganas de guerra, me suelto de su mano como si me hubiera dado un calambrazo, pero ella clava su mirada en mi, una mueca diabólica sale de sus labios.
Reacciona, Cris, reacciona, me digo.
-¿Viene hacerse la manicura?
Mi voz sale lo mas templada que puedo.
-Sí, claro.
Sigue con esa mueca de superioridad, disfrutando del momento, sabiendo que estoy incomoda, ja incómoda es un decir, mejor jodida con su presencia.
-Siéntese, por favor.
Cris, contrólate no te dejes avasallar por nadie y menos por ella.
-Juana, espéreme fuera.
Se dirige a la señora que la acompaña, ésta se marcha.
Una vez acomodadas, le indico que me dé las manos, tiene unas manos cuidadas en extremo, son manos delicadas de no haber trabajado en la vida.
-Tiene la manicura echa ¿quiere que le pinte las uñas?
Cuanto antes termine mejor.
-No es usted muy profesional, quiero que me haga la manicura.
Ufff esta buscando camorra.
-Yo soy profesional, usted viene con la manicura echa, pero vamos que si quiere se la vuelvo hacer.
Mi tono empieza a calentarse.
-Esta usted perdiendo el tiempo.
Me estoy mosqueando, quiere humillarme, no voy a darle el gusto.
-No quiero perder el tiempo con usted, dígame a que ha venido o sino le pido que abandone mi local.
Su sonrisa diabólica me saca de quicio.
-¿Su local? -sus ojos destilan odio- este local lo ha conseguido robando a mi marido con su profesionalidad en la cama.
Dios, me está llamando puta y ladrona.
-Márchese ahora mismo, y no vuelva a -hago énfasis-"mi local".
Me levanto de un golpe y mi dedo le muestra la salida.
-De acuerdo, dígame la cantidad de dinero que quiere y a cambio se aleja de mi marido para siempre.
No puedo creer lo que escucho, bajo el brazo.
-Usted no me puede comprar ni con todo el oro del mundo - mi tono es de rabia - Nos queremos y eso no va a poder evitarlo.
Sus ojos ahora son de cólera.
-Ya veremos cuanto les dura el amor cuando le quite mi dinero a mi marido.
Me acerco a la puerta y la abro.
-Márchese.
Ella muy despacio coge el bastón se levanta, con la cabeza alta se dirige a la puerta. Sale y de un portazo cierro la puerta. Lloro, solo puedo llorar.
María ha puesto la chimenea de la terraza cubierta, hace humedad, un manto de lluvia no deja ver el jardín con la piscina iluminada, la noche llora como yo lo he hecho esta mañana y ahora, mientras relato lo sucedido a John, después de cenar, no quería contárselo antes para que pudiera comer tranquilamente, se que tiene muchos problemas y no quiero ser yo otro.
Me limpia las lagrimas con los dedos.
-No pensé que fuera capaz de ir.
Me besa las lagrimas.
-Quería humillarme, sentirme mal.
Mis pucheros no me dejan hablar.
-Has sido muy valiente, solo ha sido un mal trago que tienes que olvidar.
Asiento con la cabeza.
-Me pone como le has dicho que nos queremos, cuando pase un tiempo verás como nos reímos del incidente.
Me rio, John tiene la habilidad de ver las cosas desde otro punto de vista y cambiar mi estado de ánimo.
-Ves, ya ha pasado, ahora hay que solucionar el tema de mi calentón.
Sigo riendo, soy feliz nada puede con nuestro amor, me quita el pijama que me he puesto hoy, ya me he acostumbrado a no pensar en María y Juan expiando, me quedo en tanga, estoy sentada encima de él, su boca va directo a mi pezón del piercing le succiona con vehemencia, para pasar al otro pezón. Mi mano juega con la cinturilla de su pantalón de pijama, la introduzco y acaricio su pene grande, suave y caliente, me levanto y me pongo de rodillas para poderme meter en la boca y chupar su pene, se baja el pantalón para que mi acceso sea cómodo, me gusta mucho su olor, mi boca lame cada centímetro de su glande para después introducirlo hasta la arcada, así varias veces, hasta que me levanta, me quita el tanga y me pone a horcajadas entre sus piernas, nos besamos mordisqueando nuestros labios y chupando nuestras lenguas, me levanta del culo para poder introducir su pene en mi, una mano me toca el clítoris y otra el ano, me vuelve loca sentirle dentro, subo y bajo ayudándome con las puntas de los pies, me mira me devora con la mirada, jadeamos, el calor de la chimenea hace que la temperatura suba muchos grados, las gotas de sudor empiezan a resbalar por nuestros cuerpos, me sujeta las caderas con las manos para moverme con frenesí, mi boca entreabierta jadea, el quiere besarme pero sus embestidas rápidas no dejan que nos besemos, hasta que un grito de placer sale de mi boca y mi vagina presiona su pene hasta el éxtasis, su esperma caliente entra en mi cuerpo, mi vagina ordeña su pene su lefa sale y sale.

