Suena el despertador del
móvil, oh no, es lunes tengo que ir a trabajar y no puedo ni levantarme,
haciendo un gran esfuerzo me siento en la cama y como un zombi voy al servicio.
Madre mía que pinta tengo
esto no tiene arreglo ni con el más potente anti ojeras, la ducha me espabila y
me digo a mi misma,
-Cris, no puedes venirte
a bajo, la vida continua.
No lo siento así pero
hago que me lo creo, necesito ir a trabajar.
Llego en el coche a la
peluquería que está en el pueblo de al lado, cuando entro Carmen está limpiando
la peluquería y ordenando todo, ella es la dueña y me alquila una sala de la
peluquería donde yo trabajo de esteticista.
-Hola Cris, ¿qué tal las vacaciones?
Nos besamos y yo
disimulando lo mejor que puedo le digo.
-Bien
Pero ese bien no suena
bien, me derrumbo y le cuento todo.
-Desgraciado todos los
hombres son iguales, mienten con tal de echar unos polvos.
Pero la conversación se
termina rápido porque empiezan a entrar las clientas, el día está siendo mejor
de lo esperado, sobre todo a nivel económico, después de los desaguisados del sol,
playa, la piel necesita una profunda hidratación y parece que las mujeres
entienden cada vez más la necesidad de cuidarse.
Hoy me quedo a comer en
la peluquería, apenas tengo hambre y tengo a una clienta que va a venir antes
de abrir por la tarde, me viene bien no pensar en todo lo ocurrido, las
clientas son muy habladoras y suelen contarme todos sus problemas y a mí me
gusta en lo que puedo ayudarlas pero me doy cuenta que hoy no tengo ánimos de
decirlas nada solo asiento a todo lo que cuentan.
Hecho el cierre de la
peluquería, me dirijo hacia el coche y noto que alguien me coge del brazo.
-Cris, guapa, te estoy
llamando y no me oyes.
Es Roberto, un amigo que
suele echarme los tejos y yo no le hago ni caso pero el continúa es muy
persuasivo, él cree que algún día caeré en sus brazos, a veces me da pena que
pierda el tiempo, y otras me desespera que sea tan pesado, su lema es la
esperanza es lo último que se pierde.
-Ah hola, estoy cansada y
no te había oído
Nos damos dos besos.
-¿Que tal las vacaciones?
Cuantas veces habré
escuchado esa pregunta hoy.
-Muy bien.
Esta vez no me derrumbo
el trabajo ha echado tierra por medio y a él menos se lo voy a contar, no
quiero que empiece a decir que él nunca me haría nada de eso.
-¿Vamos a spinning?
Es verdad el spinning, se
me ha olvidado completamente, como no he ido a comer a casa no he cogido la
bolsa de deporte como hago habitualmente.
-Estoy muy cansada, hoy
es el primer día de curro y ha sido duro.
-Claro, te invito a una
coca cola.
-Ufff gracias, pero estoy
cansada, mañana vamos al gym,
-De acuerdo, guapa.
Menos mal que no se ha
puesto pesado y me marcho a casa de mi ex marido, llamé para decirles que
pasaría a ver a los niños, bueno ya son mayores pero para mí siempre serán mis
niños, les llevo unos regalos comprados en la playa. Mi hija no para de hablar,
me cuenta todo lo que ha hecho y lo que va hacer, el chico es más introvertido,
los siento que están bien, mejor que su madre, los quiero con locura, verlos es
un bálsamo para mí.
Camino a casa me espera
"hanko" en la puerta moviendo su rabito de alegría. Entro en casa,
Mila viene y me da un ramo de flores.
-Esta mañana lo han
traído para ti
Que rabia me da, he
pasado un día bastante correcto sin apenas acordarme de él, y ahora me viene
con esto.
-Tíralas no quiero
verlas.
-Pero Cris, son muy
bonitas es una pena, mira por lo menos la carta.
A Mila le gustan mucho
las flores, tiene el jardín que es una alegría de ver, la carta la rompo sin
abrir.
-Quédate el ramo, pero
que yo no lo vea.
Se va hacia su habitación,
seguro que allí las pondrá en un jarrón.
Estoy cansada y sin mucho
ánimo de ver la tele como otras veces hacemos, me marcho a mi habitación a leer
mi libro, en los brazos de morfeo caigo.

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