He pasado una noche que
no se la deseo ni a mi peor enemigo, menos mal que es domingo y tengo para
recuperar hasta el lunes que empiezo a trabajar. Apenas he dormido y cuando
conseguía dormir me despertaba sudando. Alguien que no veía su cara, me
perseguía, no recuerdo la última vez que tuve una pesadilla, normalmente duermo
como una marmota y encima me pongo tapones en los oídos para no oír ningún
ruido.
Llaman a la puerta sé que es Mila y le digo que pase, ella así lo hace, me trae un café con un bollo, que buena es, como nos cuida.
Llaman a la puerta sé que es Mila y le digo que pase, ella así lo hace, me trae un café con un bollo, que buena es, como nos cuida.
-¿Que tal has pasado la
noche?
-Bien -miento- muchas
gracias.
-Es tarde y tienes que
desayunar.
A duras penas intento
tragar el trozo de bollo que me meto en la boca, tengo que comer, aunque no
pueda por lo menos intentarlo ayer no comí en todo el día, me voy a quedar en
los huesos. Cuando estaba casada me sobraban unos kilos y al divorciarme perdí
mucho peso, ahora me encuentro bien conmigo misma con el peso que tengo y no
quiero perder más, pero algo me dice que no voy a poder evitar adelgazar más.
Voy al servicio y veo los ojos hinchados que tengo, los pelos de loca y con
indiferencia me vuelvo a costar, con lo coqueta que soy no me lo puedo creer
que no me arregle, me da igual todo, solo quiero cerrar los ojos. Llaman a la
puerta otra vez.
-Mila ¿qué quieres?
Entra Mila con un ramo de
rosas rojas y con cara de circunstancia y detrás de ella entra con decisión
John.
-¿Cómo te atreves a
entrar a mi casa?
-Escúchame por favor lo
que te tengo que decir y luego me iré y no te molestaré más si así tú quieres.
Mila se marcha con las
flores y nos cierra la puerta, joder parece que quiere que nos arreglemos,
seguro que ya le habrá seducido con sus bonitas palabras "falsas".
-No quiero escucharte,
porque lo que tengas que decirme podías haberlo hecho antes, ahora ya es tarde.
Le grito.
-Tienes toda la razón,
pero el solo hecho de pensar que te ibas a enfadar y te ibas alejar de mí... -piensa-
me dio mucho miedo.
Se acerca e intenta
sentarse en la cama, no le dejo me levanto de un salto y me pongo de espalda a
él mirando la ventana.
-Ya es tarde, si me lo
hubieras dicho antes, seguro me hubiera enfadado pero no es lo mismo, eres,
eres...
-Perdona me, necesito que
me escuches y luego decides si me puedes dar otra oportunidad- me coge del
brazo y me gira para que le mire, dios que guapo es- Soy un cobarde y no quería
perderte, estoy casado pero desde hace muchos años no vivimos como pareja, ella
tiene su casa y yo voy de la suite del hotel al yate, no convivimos, algunas
veces voy a ver a mis hijos y nada más, es un acuerdo al que llegamos hace
tiempo por nuestros hijos y por ella, le pedí el divorcio, ella se niega me
chantajea con su enfermedad y como no he tenido ninguna relación seria con
ninguna mujer solo me refugio en mi trabajo, he ido aceptando la situación que
ella me dicta.
Le interrumpo
-Y ahora tengo que tener
compasión por ti
-No he venido a dar pena,
solo a recuperarte.
Tiene unos ojos tan
bonitos, el enfado va esfumándose, sé que soy una blanda y me voy a dejar
embaucar otra vez por sus lindas palabras, Cris, se fuerte y no te amilanes.
-De acuerdo ya me has
contado todo, ahora te pido que te marches.
Sigue sus ojos clavados
en mí, no va a tirar la toalla tan fácilmente, sabe que le quiero y va a
batallar para que le perdone y vuelva con él.
-No espera, he mantenido
relaciones con otras mujeres y me ha dado igual si sabían mi situación o no,
pero el día que te vi algo me dijo en mi corazón que contigo iba a ser
diferente y mentí porque quería estar contigo como nunca había querido estar
con otra, los días que hemos estados juntos han sido los mejores de mi vida,
eres especial.
Ya estamos tocando la
fibra, si sigue así me lanzo a su cuello, pero no puedo no quiero ser la amante
de nadie. Me vuelvo y con la indiferencia que puedo mostrar le digo.
-Vete.
-Sé por tus ojos que no
quieres que me vaya, sé que me quieres como yo a ti, haré lo que quieras la
pediré el divorcio, te necesito.
Creo morir no puedo más,
tengo una lucha interna, necesito tiempo, no voy a caer en sus redes ya.
-Te pido que te vayas.
Le siento detrás mía
hasta que oigo como da unos pasos, abre la puerta y la cierra.
Silencio, me derrumbo y
lloro. Se ha ido y lo peor es que no se si quería que se fuese o se quedara
conmigo, estoy hecha un lío, es tan guapo y varonil que le perdonaría todo,
pero mi orgullo ego no me lo permite me ha mentido, no me fío.
Mila vuelve a la
habitación me abraza e intenta consolarme.
El domingo pasa entre
lloros y metida en la cama tapada con la sabana hasta la cabeza.
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