viernes, 7 de agosto de 2015

Capitulo 13

Por fin sábado, esta tarde veo a John, he contado las horas, minutos y segundos por verle. El trabajo es liviano casi no tengo clientas, ayudo a Carmen con las suyas para terminar cuanto antes y cerrar.
-Vete, Cris, ya termino yo - me mira Carmen con ojos de pícara - querrás arreglarte.
-Pues sí.
Aunque me he duchado esta mañana no viene mal otra para refrescarme, sigue haciendo mucho calor.
Al salir de la peluquería veo a John apoyado en su A8, no se puede ser más guapo y atractivo, imposible.
Corro hacia él y nos besamos como si nunca lo hubiéramos hecho antes.
-No te esperaba tan pronto.
Le susurro sin soltarle del cuello.
-Estaba impaciente por ver a mi princesa.
Con el índice me baja la punta de la nariz, yo me la subo.
-¿Vamos a casa a cambiarme?
-No -me besa- tengo una sorpresa.
Todo lo tiene controlado no deja nada a la improvisación, yo soy la que me dejo llevar siempre, me encanta las sorpresas.
Una vez dentro del coche, salimos a la carretera, no paro de mirarle, que tendrá pensado hacer, él me mira de vez en cuando y me sonríe no quita la cara de la carretera, conduce muy deprisa y creo que le gusta, disfruta conduciendo. 
Después de hora y cuarto aproximadamente llegamos a un hotel que es un castillo, es majestuoso, tiene su foso, con tres torreones y una torre más grande. Los muros son anchos de piedra, su estructura gira en torno a un patio central con esbeltas galerías, todo decorado con antigüedades, su nombre es Castillo de Buen Amor, perfecto para un fin de semana, qué más puedo pedir.


-¿Te gusta?  princesa.
-Me encanta.
-Me gustaría llevarte a castillos en Francia y Escocia.
Sigo soñando.
En la habitación mi boca sigue abierta, los techos son muy altos con arcos enormes, por una puerta se sube una escalera estrechita a un torreón con unas vistas espectaculares al campo, tienen puesto un parasol con una mesa para dos, un camarero aparece con una bandeja con comida, nos sentamos y comemos, tengo mucha hambre y como es habitual está riquísimo, sobre todo el lechazo asado.
El camarero recoge todo y se marcha, que ganas tengo de estar a solas con John.
-¿Bajamos? mi princesa.
-Quiero mi postre que eres tú.
Que sonrisa más maravillosa tiene, me coge de la mano y bajamos las escaleras que son muy empinadas.
Nos han llenado la bañera, unas velas la rodean, en el agua flotan pétalos de rosas.
Muy despacio me va quitando el top, luego me desabrocha el pantalón, sus dedos rozan mi tripa e intenta explorar dentro del pantalón y mi piel se eriza, la cremallera baja lentamente, jadeo, esta lentitud me produce morbo. El pantalón cae y yo salgo de él. Me acaricia la espalda, haciendo circulitos hasta que llega al sujetador y me lo desabrocha, mis pezones se ponen duros al sentirse liberados, con las dos manos los aprisiona, el piercing lo mueve de un lado a otro, mi respiración es entrecortada, le observo y veo como sus ojos me miran con deseo, eso me excita más. 
Sus manos bajan despacio por la silueta de mi cuerpo y con los dedos pulgares baja mis bragas, él se arrodilla y me da un mordisquito en el monte de venus, me desabrocha las sandalias, ya estoy completamente desnuda, me mira con ojos de deseo, me mete en la bañera despacio para que no me escurra, él se quita la ropa deprisa, tiene el cuerpo esculpido por el deporte y la genética, entra en la bañera, enfrente mía, yo con los pies comienzo acariciar el pene, nos reímos mientras la excitación nos va capturando por momentos, uno de mis pies lo saca del agua e introduce el dedo gordo en su boca y lo succiona con avidez, luego continua con los otros. Me coge de la manos y tira de mi para que me ponga sentada con las rodillas dobladas, encima de él, mi vagina aprieta su pene, lo fricciona, mi raja surca su pene erecto de atrás adelante y viceversa, su dedo me estimula el clítoris y su boca me succiona hábilmente los pezones que quedan a la altura de su cara, necesito sentirle dentro no puedo más con tanta excitación, me coge de las caderas, me detiene y con su mano coloca su erecto pene en la entrada de la vagina, con las dos manos ya libres me baja las caderas para que su miembro entre hasta el fondo, un grito de placer sale de mi boca, la busca e intenta llenarse con mis respiraciones, me sube y baja rítmicamente hasta llegar al frenesí, una ola de placer nos invade hasta el clímax mas fuerte que recuerdo. Cuando la respiración me deja le como toda la boca en agradecimiento por el placer que me ha dado hace un momento.
-Te necesito, quiero estar contigo siempre, vas a pasar de ser mi princesa a mi reina.
-jajaja, yo también te necesito dentro de mí.
-Ya sabes que es lo que tienes que hacer, ¿quiero que vivas conmigo?
Nota como mi cara se tensa.
-De acuerdo no quiero presionarte - me besa - cuando tu creas oportuno.
Le sonrío, no quiero hablar de momento del tema, todavía no tengo claro que hacer, lo que sé es que no puedo vivir sin él y se lo digo los ojos se me llenan de lagrimas y dos gotas surcan mis mejillas para precipitarse al agua de la bañera.
-No te preocupes, te entiendo - me besa las mejillas donde las lagrimas han hecho un río - me gusta tu sabor, te quiero.
Me levanta, salimos de la bañera, nos ponemos los albornoces.
-Mira que te he traído.
Abre una bolsa de viaje negra Miles de Nebotti, una pasada de bolsa, saca un vestido rojo y unas sandalias de tacón.
-Oh madre mía que vestido más bonito, ¿es mi talla?
-Vas a estar espectacular esta noche.
Saca de la bolsa un dilatador anal con una cola de caballo.
-jajaja ¿y esto?
-Para cuando te quite el vestido y juguemos un rato.
Que morbo solo de pensarlo noto como el clítoris comienza a palpitar.
-¿Quieres que empecemos?
El vello de mi cuerpo se me eriza.
-Siiiii, pero ese orificio es virgen.
-Tengo lubricante, solo te pondré el dilatador, poco a poco hasta que tu esfínter se vaya dilatando y cuando tú quieras entraré en ti.
Su voz es muy sugerente, dios como me pone.
-Juguemos.
Le doy un lametazo en el oído. Me quita el albornoz y me tumba en la cama levantándome el culo para ponerlo en pompa, su lengua hace círculos por los cachetes hasta el orificio anal que lo saborea y baja hasta la vagina y luego sube y vuelve a lamer, su lengua se pone rígida para introducirla en el orificio como si llamara, se aparta para ponerse lubricante en el dedo y untarme, su dedo presiona la entrada y lo hunde en lo más profundo, lo saca y me hecha mas lubricante y lo vuelve a hundir, esta vez lo gira de un lado a otro y lo vuelve a sacar, mas lubricante, dos dedos entran con suavidad y vuelven a salir, giran, salen, entran, mas lubricante, he perdido la cuenta de cuantos dedos hay, mis sentidos están a flor de piel, me gira para ponerme de lado en forma de cucharita.
-Así te dolerá menos, paro en cuanto me digas.
Asiento con la cabeza, el placer no me deja articular palabra.
Me abre el cachete y noto que me introduce la punta del dilatador, presiona poco a poco, está todo lleno de lubricante.
-¿Te duele?
-No pares.
Logro decir, sigue presionando hasta que entra y queda dentro de mí, los músculos anales lo presionan dando me nuevo placer, lo gira, nuevas sensaciones.
Me doy la vuelta y él se sienta en la cama con la espalda en el cabecero antiguo de madera, me pongo a cuatro patas para que luzca mi cola de caballo que me ha puesto, me muerdo el labio al ver su pene erecto contra su abdomen, ummm me acerco y lo devoro con avidez, oigo sus gruñidos y jadeos, con una mano me acerca para poder tocarme el clítoris que comienza a masajear, hunde su dedo dentro de mí, estoy muy húmeda, se estira para abajo y me pongo a horcajadas encima de él, me penetra, una, dos, tres...estoy llena, tengo los orificios completos, me come la boca con locura, este placer es nuevo para mí, él gruñe viendo en su expresión que está a punto de llegar, quiero llegar con él, aunque no quiero que salga de mí nunca, pero la excitación ha llegado al final, mi cuerpo levita y caigo en el orgasmo.
Me quedo dormida y feliz, abrazados juntos para siempre.

Cuando despierto, me acaricia la cara, me besa la punta de la nariz, creo morir de amor estoy en el paraíso.
-¿Te pones el vestido?
El vestido, claro, no me lo he probado.
Nos duchamos juntos, jugamos a enjabonarnos, le hago cosquillas y él me las hace a mí, pero yo no las resisto, él se hace el duro, al final pierdo y me da unos azotes, me enfado poniéndole morritos, y con su índice me baja la nariz, yo la subo con soberbia.

El vestido me queda como un guante, es rojo asimétrico, con un solo tirante, fruncido en un lado, con abertura en ese costado, las sandalias son también mi número, no puedo creer que no se haya confundido.
-¿Te acuerdas de Elena? Tiene muy buen ojo para la moda y las tallas, es muy buena profesional.
Perfecto, delega en los demás los detalles para controlar el resultado final, como decía mi madre no puedes estar en misa y repicando, cuando de joven quería hacer muchas cosas a la vez.

Esa noche cenamos en Salamanca que se encuentra a unos 20 Km del castillo, la velada es excelente como va siendo el resto de la jornada. John lleva un traje oscuro que quita el hipo. Se lo arrancaría sin miramientos, me cautiva y entro en pánico con solo la idea de perderle.







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