Por fin sábado, esta tarde
veo a John, he contado las horas, minutos y segundos por verle. El trabajo es liviano casi no
tengo clientas, ayudo a Carmen con las suyas para terminar cuanto antes y
cerrar.
-Vete, Cris, ya termino
yo - me mira Carmen con ojos de pícara - querrás arreglarte.
-Pues sí.
Aunque me he duchado esta
mañana no viene mal otra para refrescarme, sigue haciendo mucho calor.
Al salir de la peluquería
veo a John apoyado en su A8, no se puede ser más guapo y atractivo, imposible.
Corro hacia él y nos
besamos como si nunca lo hubiéramos hecho antes.
-No te esperaba tan
pronto.
Le susurro sin soltarle
del cuello.
-Estaba impaciente por
ver a mi princesa.
Con el índice me baja la
punta de la nariz, yo me la subo.
-¿Vamos a casa a
cambiarme?
-No -me besa- tengo una
sorpresa.
Todo lo tiene controlado
no deja nada a la improvisación, yo soy la que me dejo llevar siempre, me
encanta las sorpresas.
Una vez dentro del coche,
salimos a la carretera, no paro de mirarle, que tendrá pensado hacer, él me
mira de vez en cuando y me sonríe no quita la cara de la carretera, conduce muy
deprisa y creo que le gusta, disfruta conduciendo.
Después de hora y cuarto aproximadamente llegamos a un hotel que es un castillo, es majestuoso, tiene su foso, con tres torreones y una torre más grande. Los muros son anchos de piedra, su estructura gira en torno a un patio central con esbeltas galerías, todo decorado con antigüedades, su nombre es Castillo de Buen Amor, perfecto para un fin de semana, qué más puedo pedir.
-¿Te gusta? princesa.
Después de hora y cuarto aproximadamente llegamos a un hotel que es un castillo, es majestuoso, tiene su foso, con tres torreones y una torre más grande. Los muros son anchos de piedra, su estructura gira en torno a un patio central con esbeltas galerías, todo decorado con antigüedades, su nombre es Castillo de Buen Amor, perfecto para un fin de semana, qué más puedo pedir.
-¿Te gusta? princesa.
-Me encanta.
-Me gustaría llevarte a
castillos en Francia y Escocia.
Sigo soñando.
En la habitación mi boca
sigue abierta, los techos son muy altos con arcos enormes, por una puerta se
sube una escalera estrechita a un torreón con unas vistas espectaculares al
campo, tienen puesto un parasol con una mesa para dos, un camarero aparece con
una bandeja con comida, nos sentamos y comemos, tengo mucha hambre y como es
habitual está riquísimo, sobre todo el lechazo asado.
El camarero recoge todo y
se marcha, que ganas tengo de estar a solas con John.
-¿Bajamos? mi princesa.
-Quiero mi postre que
eres tú.
Que sonrisa más
maravillosa tiene, me coge de la mano y bajamos las escaleras que son muy empinadas.
Nos han llenado la
bañera, unas velas la rodean, en el agua flotan pétalos de rosas.
Muy despacio me va
quitando el top, luego me desabrocha el pantalón, sus dedos rozan mi tripa e
intenta explorar dentro del pantalón y mi piel se eriza, la cremallera baja
lentamente, jadeo, esta lentitud me produce morbo. El pantalón cae y yo salgo
de él. Me acaricia la espalda, haciendo circulitos hasta que llega al sujetador
y me lo desabrocha, mis pezones se ponen duros al sentirse liberados, con las
dos manos los aprisiona, el piercing lo mueve de un lado a otro, mi respiración
es entrecortada, le observo y veo como sus ojos me miran con deseo, eso me
excita más.
Sus manos bajan despacio por la silueta de mi cuerpo y con los dedos pulgares baja mis bragas, él se arrodilla y me da un mordisquito en el monte de venus, me desabrocha las sandalias, ya estoy completamente desnuda, me mira con ojos de deseo, me mete en la bañera despacio para que no me escurra, él se quita la ropa deprisa, tiene el cuerpo esculpido por el deporte y la genética, entra en la bañera, enfrente mía, yo con los pies comienzo acariciar el pene, nos reímos mientras la excitación nos va capturando por momentos, uno de mis pies lo saca del agua e introduce el dedo gordo en su boca y lo succiona con avidez, luego continua con los otros. Me coge de la manos y tira de mi para que me ponga sentada con las rodillas dobladas, encima de él, mi vagina aprieta su pene, lo fricciona, mi raja surca su pene erecto de atrás adelante y viceversa, su dedo me estimula el clítoris y su boca me succiona hábilmente los pezones que quedan a la altura de su cara, necesito sentirle dentro no puedo más con tanta excitación, me coge de las caderas, me detiene y con su mano coloca su erecto pene en la entrada de la vagina, con las dos manos ya libres me baja las caderas para que su miembro entre hasta el fondo, un grito de placer sale de mi boca, la busca e intenta llenarse con mis respiraciones, me sube y baja rítmicamente hasta llegar al frenesí, una ola de placer nos invade hasta el clímax mas fuerte que recuerdo. Cuando la respiración me deja le como toda la boca en agradecimiento por el placer que me ha dado hace un momento.
Sus manos bajan despacio por la silueta de mi cuerpo y con los dedos pulgares baja mis bragas, él se arrodilla y me da un mordisquito en el monte de venus, me desabrocha las sandalias, ya estoy completamente desnuda, me mira con ojos de deseo, me mete en la bañera despacio para que no me escurra, él se quita la ropa deprisa, tiene el cuerpo esculpido por el deporte y la genética, entra en la bañera, enfrente mía, yo con los pies comienzo acariciar el pene, nos reímos mientras la excitación nos va capturando por momentos, uno de mis pies lo saca del agua e introduce el dedo gordo en su boca y lo succiona con avidez, luego continua con los otros. Me coge de la manos y tira de mi para que me ponga sentada con las rodillas dobladas, encima de él, mi vagina aprieta su pene, lo fricciona, mi raja surca su pene erecto de atrás adelante y viceversa, su dedo me estimula el clítoris y su boca me succiona hábilmente los pezones que quedan a la altura de su cara, necesito sentirle dentro no puedo más con tanta excitación, me coge de las caderas, me detiene y con su mano coloca su erecto pene en la entrada de la vagina, con las dos manos ya libres me baja las caderas para que su miembro entre hasta el fondo, un grito de placer sale de mi boca, la busca e intenta llenarse con mis respiraciones, me sube y baja rítmicamente hasta llegar al frenesí, una ola de placer nos invade hasta el clímax mas fuerte que recuerdo. Cuando la respiración me deja le como toda la boca en agradecimiento por el placer que me ha dado hace un momento.
-Te necesito, quiero
estar contigo siempre, vas a pasar de ser mi princesa a mi reina.
-jajaja, yo también te
necesito dentro de mí.
-Ya sabes que es lo que
tienes que hacer, ¿quiero que vivas conmigo?
Nota como mi cara se
tensa.
-De acuerdo no quiero
presionarte - me besa - cuando tu creas oportuno.
Le sonrío, no quiero
hablar de momento del tema, todavía no tengo claro que hacer, lo que sé es que
no puedo vivir sin él y se lo digo los ojos se me llenan de lagrimas y dos
gotas surcan mis mejillas para precipitarse al agua de la bañera.
-No te preocupes, te
entiendo - me besa las mejillas donde las lagrimas han hecho un río - me gusta tu
sabor, te quiero.
Me levanta, salimos de la
bañera, nos ponemos los albornoces.
-Mira que te he traído.
Abre una bolsa de viaje
negra Miles de Nebotti, una pasada de bolsa, saca un vestido rojo y unas
sandalias de tacón.
-Oh madre mía que vestido
más bonito, ¿es mi talla?
-Vas a estar espectacular
esta noche.
Saca de la bolsa un
dilatador anal con una cola de caballo.
-jajaja ¿y esto?
-Para cuando te quite el
vestido y juguemos un rato.
Que morbo solo de
pensarlo noto como el clítoris comienza a palpitar.
-¿Quieres que empecemos?
El vello de mi cuerpo se
me eriza.
-Siiiii, pero ese
orificio es virgen.
-Tengo lubricante, solo
te pondré el dilatador, poco a poco hasta que tu esfínter se vaya dilatando y
cuando tú quieras entraré en ti.
Su voz es muy sugerente,
dios como me pone.
-Juguemos.
Le doy un lametazo en el
oído. Me quita el albornoz y me tumba en la cama levantándome el culo para
ponerlo en pompa, su lengua hace círculos por los cachetes hasta el orificio
anal que lo saborea y baja hasta la vagina y luego sube y vuelve a lamer, su
lengua se pone rígida para introducirla en el orificio como si llamara, se
aparta para ponerse lubricante en el dedo y untarme, su dedo presiona la
entrada y lo hunde en lo más profundo, lo saca y me hecha mas lubricante y lo
vuelve a hundir, esta vez lo gira de un lado a otro y lo vuelve a sacar, mas
lubricante, dos dedos entran con suavidad y vuelven a salir, giran, salen,
entran, mas lubricante, he perdido la cuenta de cuantos dedos hay, mis sentidos
están a flor de piel, me gira para ponerme de lado en forma de cucharita.
-Así te dolerá menos,
paro en cuanto me digas.
Asiento con la cabeza, el
placer no me deja articular palabra.
Me abre el cachete y noto
que me introduce la punta del dilatador, presiona poco a poco, está todo lleno
de lubricante.
-¿Te duele?
-No pares.
Logro decir, sigue
presionando hasta que entra y queda dentro de mí, los músculos anales lo
presionan dando me nuevo placer, lo gira, nuevas sensaciones.
Me doy la vuelta y él se
sienta en la cama con la espalda en el cabecero antiguo de madera, me pongo a
cuatro patas para que luzca mi cola de caballo que me ha puesto, me muerdo el
labio al ver su pene erecto contra su abdomen, ummm me acerco y lo devoro con
avidez, oigo sus gruñidos y jadeos, con una mano me acerca para poder tocarme
el clítoris que comienza a masajear, hunde su dedo dentro de mí, estoy muy
húmeda, se estira para abajo y me pongo a horcajadas encima de él, me penetra,
una, dos, tres...estoy llena, tengo los orificios completos, me come la boca
con locura, este placer es nuevo para mí, él gruñe viendo en su expresión que
está a punto de llegar, quiero llegar con él, aunque no quiero que salga de mí
nunca, pero la excitación ha llegado al final, mi cuerpo levita y caigo en el
orgasmo.
Me quedo dormida y feliz,
abrazados juntos para siempre.
Cuando despierto, me
acaricia la cara, me besa la punta de la nariz, creo morir de amor estoy en el
paraíso.
-¿Te pones el vestido?
El vestido, claro, no me
lo he probado.
Nos duchamos juntos,
jugamos a enjabonarnos, le hago cosquillas y él me las hace a mí, pero yo no
las resisto, él se hace el duro, al final pierdo y me da unos azotes, me enfado
poniéndole morritos, y con su índice me baja la nariz, yo la subo con soberbia.
El vestido me queda como
un guante, es rojo asimétrico, con un solo tirante, fruncido en un lado, con
abertura en ese costado, las sandalias son también mi número, no puedo creer
que no se haya confundido.
-¿Te acuerdas de Elena?
Tiene muy buen ojo para la moda y las tallas, es muy buena profesional.
Perfecto, delega en los
demás los detalles para controlar el resultado final, como decía mi madre no
puedes estar en misa y repicando, cuando de joven quería hacer muchas cosas a
la vez.
Esa noche cenamos en Salamanca que se encuentra a unos 20 Km del castillo, la velada es excelente como va siendo el resto de la jornada. John lleva un traje oscuro que quita el hipo. Se lo arrancaría sin miramientos, me cautiva y entro en pánico con solo la idea de perderle.


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